Tuesday, July 05, 2005

ACTO MORTAL !

Claro que a Manuel le hubiese encantado seguir actuando. Todavía quedaba pasión ardiente por el arte dentro de aquel cohibido corazón. Pero cuando se tiene hijos lo importante no es lo mejor para uno, sí no lo mejor para ellos. Y aunque en aquel momento en el que Luna estaba embarazada las ideas no dejaban a Manuel solo, ni un instante, decidió seguir un fuerte y triste impulso paternal de alejarse del escenario y comenzar a joderse los cojones en un trabajo de mierda como el resto de la humanidad.

Pronto la incomodidad se instaló en sus pupilas y el deseo de vivir cada instante como sí fuera el último desapareció por completo. Aquellas corazonadas locas y aquel decespero que se tiene en la juventud fueron sustituidas por preocupaciones, responsabilidades y una especie de amor inmenso, hermoso y eterno, con la llegada de su hijo, Alejandro. Comprendió que las emociones toman turnos y que es imposible tenerlo todo, sentirlo todo y amarlo todo simultáneamente.

Y aunque Alejandro era un niño muy especial y Luna una chica hermosa e inteligente, a Manuel le faltaban los libretos, el escenario y las reacciones. Extrañaba el peculiar olor a maquillaje, el sentimiento de tener miles de ojos encima de sus hombros y aquella escenografía extraordinaria que montaba su viejo amigo Angel. Extrañaba el viejo telón color vino del teatro central, la banda que siempre abría de forma mágica los espectaculos y la dulce voz de Ana Rivera quien fué su compañera en muchas de las obras romanticas que interpretó. Pero más que cualquier cosa extrañaba el sonido impactante que producía la risa y el llanto ajeno y la felicidad que le brindaba ser alguien diferente cada noche.

Haber abandonado su pasión le había puesto el corazón pesado. Tan pesado que comenzaba a esgarrarle el alma en mil pedazos.

Poco a poco fué perdiendo la cordura, gracias al decespero que le produjo lo que a su entender era una vida mediocre. No entendía como amando tanto a su esposa e hijo podía sentirse tan miserable. Sentía que estaba lleno y a la vez vacío. Intentó de mil y una formas volver al teatro, de recuperar aquellos tiempos de buena vibra. Pero a Manuel le sobraban las ganas y le faltaba el tiempo. Sus responsabilidades no le permitían encajar la última pieza que le faltaba a aquel rrompe cabezas que llamaba vida. Esa fué la clave que le permitió arrastrarse por la vida sudando frío, como tecato de santurce rrompiendo vicio.

Manuel se rindió, se fué en un viaje.

Viaje extraño, muy suyo del que jamás regresó.

Todo fué su culpa. Protegerse no es dificil y tampoco es caro. Rendirse es demasiado fácil y el tiempo siempre estuvo en sus manos.


Nadie, nunca, nada.

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